
Con el llamado de Jesús, la Madre Teresa comenzará a tener una nueva preocupación en su corazón y consistirá en poder materializar lo que Cristo le ha solicitado, para ello deberá dejar su antigua congregación, para dedicarse por completo a lo que el Señor le ha pedido.
La Madre Teresa fundó una congregación llamada las Misioneras de la Caridad. Su trabajo inicial fue el de enseñar a leer a los niños pobres de la calle.Más tarde la Madre Teresa empezó a ayudar a las personas enfermas de lepra.
El Papa Pablo VI colocó a la congregación de las Misioneras de la Caridad bajo el control del Papado y autorizó a la Madre Teresa a expandir la Orden religiosa en otros países. Alrededor de todo el mundo se abrieron centros para atender leprosos, ancianos, ciegos y personas que padecen del SIDA y se fundaron escuelas y orfanatos para los pobres y niños abandonados.
La regla de la orden se basaba en los votos de pobreza, castidad y obediencia, a los que añadía un cuarto que era la promesa de servicio a los menesterosos, en quienes la madre Teresa veía la encarnación de Cristo. Cada día lo comenzaba entrando en comunión con Jesús en la Eucaristía y salía de casa, con el rosario en la mano, para encontrar y servir a Jesús en los no deseados, los no amados, aquellos en los que nadie se ocupaba. Después de algunos meses comenzaron a unirse a ella, una a una, sus antiguas alumnas -con el tiempo su orden logró contar con más de 4.500 hermanas en 133 países en los que manejan casas, escuelas y hospitales para los pobres y moribundos.
Dedicó completamente su vida a los demás con amor y sacrificio, creando seguidores allí donde iba.
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